Hoy te queremos hablar de la insólita relación de amor-odio que han tenido los ‘ferraristas’ con uno de los modelos de Maranello más conocidos de finales del siglo pasado: el 308. Aunque, si seguimos el orden cronológico de los sentimientos que ha despertado, tendríamos que hablar en realidad de una relación odio-amor.

¿Y por qué odiaron los ferraristas al 308? Antes de responder a esta pregunta, deja que te demos antes unas pinceladas del modelo. El 308 fue presentado en el Salón de París de 1975, entonces con carrocería cerrada (GTB) aunque a partir de 1977 también se ofreció en su variante de techo abierto (al estilo de los Targa de Porsche). El coche era una clara evolución del Dino desde el punto de vista estético pero no tanto del mecánico, ya que las primeras unidades equipaban un V8 con cuatro carburadores que entregaba 240 CV.

Lo que generó controversia, y aquí sí respondemos a la anterior pregunta, es que Ferrari decidió construirlo no con carrocería de chapa de acero, como venía haciendo hasta entonces, sino con un material plástico reforzado con fibra de vidrio. La idea no era ninguna locura: ya había otras marcas que apostaban por la carrocería de fibra de vidrio, como Alpine (entonces con el A110) o Matra (con el Bagheera), pero sobre todo se utilizó porque estaba ya ampliamente extendida en el mundo de la competición automovilística dadas sus ventajas a la hora de reducir el peso final del coche.

Lo normal es que los clientes de una marca de deportivos acepten con los brazos abiertos cualquier material utilizado en competición. De hecho, ello le suele dar prestigio al coche, como sucede en la actualidad con los componentes en fibra de carbono. Pero a una mayoría de clientes de Ferrari no les hizo ninguna gracia tener un Ferrari cuya carrocería estaba construida con el mismo material que una barca de remos.

Con el aluvión de críticas recibidas, en Maranello se vieron forzados a reaccionar poniendo una solución: había que detener la fabricación de la carrocería de fibra de vidrio y empezar a construir el coche con chapa de acero, como se había venido haciendo en Ferrari hasta entonces. En total, 712 ejemplares fueron construidos en fibra antes de que el 308 pasara a ser exteriormente de chapa, cambio que en realidad sólo supuso 12 kg adicionales.

Pero el 308 pasa por haber sido uno de los modelos más longevos de Ferrari, ya que se fabricó hasta 1985 (cuando le sustituyó el 328, que en realidad empleaba la misma carrocería pero con ligeras actualizaciones estéticas). Durante este tiempo se fabricaron unas 6.000 unidades del 308. Y como los amantes de los coches ‘suculentos’ saben que ‘raro’ significa ‘caro’, comenzaron a buscar (y a pagar caras) las primeras unidades, que desde entonces se conocen como 308 Vetroresina.

De hecho, la cotización de un 308 con carrocería de acero está entre 60.000 y 80.000 euros en función del estado, mientras que una unidad Vetroresina puede tener un precio mínimo de 130.000 euros (el que ves en las imágenes lo vende el especialista Girardo por 148.000) y superar ampliamente los 300.000 si tiene un kilometraje muy, muy bajo. Lo dicho: lo escaso siempre es más caro.

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